La violencia es un acto que por siglos ha sido adoptado por el hombre. Antiguamente se luchaba por necesidad a la comida, territorio o bienes. Ahora el hombre pelea por placer y demostrar superioridad. Normalmente los enfrentamientos eran protagonizados por los barones. Sin embargo las mujeres han engrosado considerablemente las cifras de estas riñas. Actualmente la diferencia entre peleas de hombres y mujeres es mínima tanto en cantidad como en lo rudo de estos encuentros.
Las escuelas no son exentas de esta problemática que a menudo se presenta. Algunos adolescentes viven situaciones sumamente graves a causa de la violencia dentro de los planteles educativos. Estas situaciones siempre han rodeado el ambiente escolar pero el aumento ha sido bastante. Tal vez los medios de difusión tengan algo que ver en el crecimiento de este fenómeno llamado “bullying” traducido como el maltrato en cualquiera de sus formas: verbal, físico o psicológico. Los adolescentes han conseguido introducir a las escuelas teléfonos celulares, ipods, cámaras digitales, etc., con los cuales graban estos actos de violencia, porque el material filmado lo suben a la red y reciben dinero por estas grabaciones.
Además los estudiantes parecen satisfechos al someter a sus compañeros ya que ganan “respeto” ante el resto de pares. Probablemente la intención de ellos también es captar la atención del sexo opuesto. Así la popularidad tan ansiada en esta etapa se logra de la manera más fácil y cruel con golpes. Efectivamente los jóvenes afectados por esta cuestión parecen volverse retraídos, introvertidos y con baja autoestima.
Regularmente los barones son quienes juegan el papel de agresores sin embargo, también las féminas cometen estas acciones. La coincidencia entre ellos es la inseguridad. Los jóvenes reprimiendo a personas más débiles se sienten mejor con ellos mismos. Siempre el perfil del opresor se piensa de físico robusto e intimidante pero en realidad pueden ser de cualquier complexión física. En estos casos la familia suele sufrir alguna disfuncionalidad violencia porte del padre a la madre o contra él, desintegración, falta de atención y cariño.
La otra cara de la moneda la ilustran las victimas que al contrario de los agresores su característica es ser más débiles y casi siempre ellos tienen un rasgo común por ejemplo usar lentes, padecer obesidad o conseguir siempre buenas notas. También son estudiantes con pocos amigos debido a su falta de seguridad para entablar relaciones afectivas. Claramente la familia toma un rol distinto a la de los opresores siendo más sobre protectora con los hijos. Cuando la víctima ha sido objeto de varias burlas y maltratos busca la forma de escapar de esta situación. Naturalmente el deseo de ellos es abandonar la escuela con cualquier excusa reprobando materias intencionalmente, no entrando al plantel o inventarse enfermedades.
La preocupación aumenta cuando la violencia de los estudiantes rebasa los límites. Fuera de las escuelas se han realizado encuentros tan brutales que hay jóvenes que han tenido que ser hospitalizados por lesiones en estas trifulcas. Desgraciadamente ahora los jóvenes tienen demasiada facilidad para adquirir instrumentos peligrosos. Así los agresores no dudan en usarlos.
Efectivamente, las causas de esta problemática pueden ser múltiples. Por ejemplo la actitud de los padres hacia ellos si es armoniosa, demasiado permisiva o violenta. También influye el desempeño que tengan en la escuela, la percepción que tengan de su aceptación, es decir, si se sienten parte del grupo o desintegrados de él. La presión que ejerzan sus compañeros sobre su comportamiento. Inclusive los medios de comunicación tienen mucho que ver con estas acciones ya sea la televisión con los mensajes que maneja en su programación, el tipo de música que escuchen y hasta los juegos más frecuentes de los adolescentes.
Adicionalmente el público que interviene en estos maltratos tiene un peso importante en el seguimiento o fin de estos atropellos. La reacción que tengan dichos espectadores juega un papel importante en el desarrollo de estos actos. Regularmente los pares son los asistentes y cabe destacar que no hacen nada para evitar estos abusos. Los motivos de su actitud pasiva son varios algunos de ellos pueden ser: la diversión que les causa ver estas agresiones, el temor de oponerse al agresor, la seguridad que les causa ser “amigos” del más fuerte o la apatía a denunciar estos actos por la falta de atención a estas quejas. Los jóvenes con estas acciones, únicamente consiguen hacerse cómplices de estas injusticias a sus compañeros.
La abstención de las autoridades para actuar en estas cuestiones agrava el asunto. Tal vez las personas que tiene la facultad de actuar rotundamente teman a escándalos que los involucren. Indudablemente las consecuencias para los jóvenes envueltos en estas situaciones serán sumamente difíciles. Para las dos partes se tornara complicado el futuro. Los agresores difícilmente cambiaran y controlaran sus conductas ofensivas y los adolescentes afectados tardaran en olvidar los traumas y complejos que les dejen ser objeto de burlas y golpes. Además los implicados tendrán problemas al entablar relaciones interpersonales debido a su desenvolvimiento en esta etapa crucial.
Rudimentariamente la ciudadanía debe tomar cartas en el asunto. Principalmente los padres, maestros y compañeros estudiantes deben luchar por erradicar estas acciones pero en general toda la sociedad debe unirse a esta causa. Para los agresores el silencio es el mejor cómplice. La tarea es inculcar a los jóvenes respeto hacia los demás y denunciar cualquier maltrato sean o no las victimas.
Rodríguez Robles Samantha Vanessa

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