Centenaria
y Benemérita Escuela Normal del Estado
Licenciatura
en Educación Secundaria: Español
La
Expresión Oral y Escrita en el Proceso de Enseñanza Aprendizaje
Fernando
Terrazas Huerta
Ensayo
final
Introducción
En el presente escrito,
expondré el enfoque del actual programa de estudios dirigido a la enseñanza del
español en la educación básica y la realidad experimentada en las jornadas
educativas del actual semestre normalista. La visita a la escuela secundaría que
lleva por nombre “Organización de Naciones Unidas”, provoca un choque de ideas
entre el enfoque por competencias y la realidad observada en la mencionada secundaria.
Justamente, la lectura del programa de estudios de Español para la educación
secundaría, habla de una integración educativa, que busca la educación de
calidad. La lectura del escrito proporcionado por la SEP, confronta las ideas
de una mente en búsqueda de respuestas. Las ideas expuestas en estas líneas se
fundamentarán con citas de expertos en el campo académico, siempre
interpretadas por mí.
La búsqueda del verdadero
sentido de la educación es impredecible. Sin embargo, con la dedicación y el
esfuerzo educativo, he reconocido un camino delicado para abordar el tema.
Injustificadamente, el camino que me guía a realizar este ensayo, es frágil y
difícil de seguir porque las ideas que expreso, pueden romper el sentido de mi
escrito. Si la línea que separa mi escrito de una crítica inconmovible se rompe
podría dar una mala visión del carácter de este ensayo. Durante las siguientes
líneas mi punto de vista es cuestionable y dispuesto a la crítica
constructivista que ayude al pulimiento de mi visión.
Desarrollo
El sistema educativo, que
actualmente sufre un cambio gigantesco en los contenidos curriculares, se
orienta a la búsqueda del aprendizaje significativo, por ello, la educación
básica se articula en periodos que abarcan la educación preescolar, primaria y
secundaria. Actualmente, el sistema educativo es continuo y coexistente.
Puntualmente, la articulación de la educación básica que busca mejorar la
calidad educativa, depende de la participación colectiva entre los tres niveles
educativos básicos (preescolar, primaria y secundaria). La participación
colectiva de los tres niveles básicos culminará con una educación sólida que
cimiente el carácter formador de los contenidos curriculares.
El
nuevo modelo educativo que está orientado al desarrollo de competencias, a la
manipulación de los conocimientos y al desarrollo de procesos y procedimientos,
tiene como objetivo facilitar la integración a una sociedad globalizada que
requiere la modernización y manipulación de un sinfín de técnicas y
conocimientos para el desarrollo personal, social y laboral del individuo. Por
ello, el programa de estudios para educación básica 2011 (2011, 12), sostiene
que “La RIEB culmina un ciclo de reformas curriculares en cada uno de los tres
niveles que integran la Educación Básica, que inició en 2004 con la Reforma de
Educación Preescolar, continuó en 2006 con la de Educación Secundaria y en 2009
con la de Educación Primaria, y consolida este proceso aportando una propuesta
formativa pertinente, significativa, congruente, orientada al desarrollo de
competencias y centrada en el aprendizaje de las y los estudiantes.” En la
actualidad, los contenidos curriculares, que buscan el desarrollo de
habilidades, se replantearon buscando un fácil acoplo del adolescente a su
contexto socio-cultural. Justamente, la actualización curricular contribuye al
logro del perfil de egreso de la educación básica en general, que consiste en
lograr la interacción del estudiante en distintos contextos sociales y
culturales, argumentando, razonando y analizando. El acercamiento de los
alumnos al conocimiento a partir de dicha reforma curricular, y hasta la fecha,
consigue un importante avance en la concepción de la enseñanza y el aprendizaje.
Durante la actual reforma educativa, el objetivo primordial de la educación
básica, que es el desarrollo integral de los adolescentes se “consigue” en
periodos de estudio.
Ciertamente, la articulación
de la educación básica reconoce a los alumnos como sujetos inteligentes,
susceptibles de adquirir, bajo procesos cognitivos, el conocimiento, por ello,
el centro de atención del proceso educativo es el aprendizaje del alumno. En la
escuela de educación básica, el medio educador, que tiene como materia prima al
alumno, son las competencias, que son necesarias para la vida socio-cultural.
El docente, quien busca el desarrollo de los estudiantes, procura desarrollar un nivel de
competitividad en los estudiantes. La articulación curricular se centra en los
procesos de aprendizaje de los alumnos(as) atendiendo sus necesidades
específicas para que mejoren las competencias que permiten su desarrollo
personal.
La integración de los
contenidos educativos se fundamenta en la educación de calidad que busca el
desarrollo de competencias para la vida. La educación integra los niveles
básicos en un periodo que educa para la solución de problemas cotidianos y el
fácil acoplo a una sociedad cambiante. El actual mundo social exige un nivel de
competitividad que permita el desenvolvimiento personal, laboral y social. La
experiencia en la escuela secundaria deja un abismo comprensivo del
funcionamiento del programa de estudios. En la labor cotidiana del docente, el
desarrollo de competencias que es un reto en el sistema educativo, es una
incógnita, porque la labor del docente es cuestionable.
Puntualmente,
la labor del docente que consiste en desarrollar los contenidos curriculares,
implica la planeación y el acercamiento a los estudiantes. Un punto importante
en el contexto educativo es la planeación de una clase y el acercamiento a los
alumnos que están bajo su tutoría. Es decir, el programa de estudios para
educación básica 2011 (2011, 12) sostiene que “La acción de los docentes es un
factor clave pues son quienes generan ambientes propicios para el aprendizaje,
plantean situaciones didácticas y buscan motivos diversos para despertar el
interés de los alumnos e involucrarlos en actividades que les permitan avanzar
en el desarrollo de sus competencias.” Antes de centrarse en el desarrollo de
competencias, el docente quien debe preocuparse por el avance escolar de los
estudiantes, necesita conocer el grupo de alumnos con el que trabaja para tener
un punto de partida. Los docentes de educación básica, y en general todos los
maestros que verdaderamente busca la superación de los alumnos a su cargo,
procuran el buen desenvolvimiento de los jóvenes dentro y fuera del salón de
clases que es su área de “trabajo”.
En la escuela formadora de docentes
(CBENEQ), el papel del maestro practicante como conductor del conocimiento y
precursor del saber, es de mediador entre los contenidos curriculares y los
estudiantes. La preparación que se recibe como estudiante normalista, es la
base para una trayectoria laboral llena de planeaciones, cuales deben o
deberían ser dinámicas, didácticas y constructivas. Justamente, la preparación
normalista, que se enfoca en el fututo laboral del docente, motiva la esencia
del ser docente por su creatividad y búsqueda de alternativas situadas en el
aprendizaje de sus estudiantes. Los programas de estudio que se analizan en la
formación normalista, es de utilidad para orientar el trabajo en el aula de los
maestros, quienes a partir del trabajo colaborativo, el intercambio de
experiencias docentes y el impacto en el logro educativo de sus alumnos apoya y
promueve las necesidades para la profesionalización docente. Específicamente, La
preparación que se recibe en las escuelas normales se basa en la acción docente
quien es un factor clave, pues son quienes generan ambientes propicios para el
aprendizaje, plantean situaciones didácticas y buscan motivos diversos para
despertar el interés de los alumnos e involucrarlos en actividades que les
permitan avanzar en el desarrollo de sus competencias.
El trabajo docente que se
condiciona por la preparación normalista es cuestionable. Dentro de las aulas
de educación secundaria, el ambiente escolar es un espacio de sobriedad,
serenidad y pasivismo, pues en las jornadas educativas que he realizado a lo
largo de tres semestres, no encuentro el diálogo, la crítica, la reflexión o la
construcción del conocimiento por medio del discurso. Freire (1974, 104)
sostuvo que “El diálogo es por tanto, el camino indispensable no solamente en
las cuestiones vitales para nuestro orden político, sino para todo nuestro
ser.” Una sociedad sin diálogo es una sociedad sin carácter crítico pero un
medio educador como la escuela de educación básica sin diálogo es inaceptable.
El educando que dialoga,
comienza un descubrimiento de sus capacidades como hacedor crítico del mundo
cultural, con aptitudes para la creación y la recreación. Durante la planeación
de una clase, el docente explota su potencial educador y considera el diálogo
como factor condicionante. Actualmente, el maestro que trabaja el desarrollo de
competencias con la planeación, considera el diálogo como medio para la
apropiación del conocimiento. El diálogo, que debe ser el medio hacia la
apropiación del conocimiento, se desenvolverá sobre situaciones reales y
cercanas al estudiante que con el impulso necesario logrará superarlas y
encontrarles una solución, por ello, Freire (1974, 108) afirma que “El papel
del educador sea, fundamentalmente, dialogar con el analfabeto sobre
situaciones concretas.” Ahora el estudiante quien utilizando como factor
determinante el diálogo crea y recrea su realidad.
Justamente, el futuro
docente quien debería buscar más que buenas noticias en el sistema educativo,
debe buscar lo malo para trabajar en ello. La visión crítica que se
“desarrolla” en la formación normalista, sirve para construir un carácter
crítico-constructivista que permita desarrollar el dinamismo, las estrategias y
competencias de los alumnos. La
preparación que se obtiene en las escuelas normales, sirven para encontrar un
punto importante que se consolida con el desenvolvimiento dentro del salón de
clases. En general, los estudiantes normalistas reciben una enseñanza sólida en
dinamismo.
El dinamismo al planear una
clase o todo un proyecto, requiere de la implementación del diálogo como medio
formador de conciencia. La intervención del diálogo en la planeación de una
clase permite la crítica que se inclina a buscar la superación, por lo que
Freire (1974, 32) menciona que “Es por lo que, minimizado y cercenado,
acomodado a lo que le impongan, sin el derecho a discutir, el hombre sacrifica
inmediatamente su capacidad creadora.” El docente quien se entusiasma, se
esmera por un material atractivo, propicio para la atención y el envolvimiento
del adolescente en la clase, piensa en las necesidades, las habilidades y las
capacidades del alumnado que generan una visión del nivel educativo del
estudiante.
Toda la preparación recibida
en las escuelas normales, está orientada a desarrollar el trabajo escolar
procurando un ambiente propicio para el aprendizaje. El trabajo escolar es
cotidiano y por ello necesita de “amor” a la profesión, ética profesional y la
utilización e implementación del diálogo como medio principal hacia el
aprendizaje significativo. Específicamente el aprendizaje significativo
necesita la modificación del ambiente y carácter del estudiante dentro del
salón. La modificación del ambiente escolar sería de un ambiente dinámico a un
ambiente dinámico en el que es permitido y permisible el diálogo. Una vez que
se tiene en cuenta esa forma dinámica y coherente de planear la clase, el
docente debe dosificar y dominar el conocimiento para adaptarlo y desarrollar
competencias en los alumnos.
Las competencias son
sinónimos de habilidades que se pulen y mejoran con la práctica. Continuamente,
la práctica desarrollará el dominio. El dominio lo entendemos como la forma
simple y sencilla de realizar algo. Ahora, el dominio de una habilidad se
desarrolla y manipula a consideración del poseedor cuando la habilidad se
desarrolla, domina y manipula se convierte en una destreza. Ciertamente las
competencias son el resultado de una habilidad que se desarrolla con la práctica
continua y con esa continuidad se hace o convierte en una destreza que facilita
el desenvolvimiento social, laboral o personal y están dirigidas al empleo
funcional del conocimiento y habilidades del desarrollo integral del individuo.
Finalmente, el individuo
tendrá la facilidad para desarrollar herramientas que generen soluciones a las
diferentes problemáticas que puedan presentarse.
Conclusiones
En conclusión, el trabajo en
el aula es una tarea cotidiana y llena de adversidades que se mejoran con la
práctica. La educación normalista es sólo el principio de una tarea diversa y
el primer escalón en el sistema educativo. Durante la labor de educar, el
docente permanece en un estado inerte cuando deja de lado el diálogo. Todo
docente dedicado al desarrollo de competencias, inicia con la preparación
normalista adecuada y culmina con la práctica que es una tarea “sin fin” y con
el diálogo como principal punto.
Antes de iniciar la tarea
educadora, el docente deber conocer o entender el sentido de competencias. Las
competencias antes de desarrollarse deben comprenderse. “Nunca se aprende a
correr antes que a caminar.” Una vez que se tiene claro los objetivos le sigue
el procedimiento. El inicio de un procedimiento debe ser por el conocimiento de
sus objetivos.
Después que el docente
conoce y entiende el significado y propósito de las competencias puede intervenir
en dicho proceso por medio del diálogo. En todo momento, el diálogo debe
considerarse como el punto de partida. Los objetivos, la planeación y el mismo
desarrollo de la clase deben estar intervenidos por el diálogo. Sólo con el
diálogo, los alumnos prenderán a ser hombres y mujeres críticas.
Freire (1974, 14) “Enseñarle
a leer y escribir es más que darle un simple mecanismo de expresión. Se trata
de procurar en él, concomitantemente, un proceso de concienciación.”
Bibliografía
·
Paulo
Freire (1974) “La educación como práctica
de la libertad” Ed: Siglo XXI. Buenos Aires
·
SEP
(2011) “Programa de estudios 2011 Guía
para el maestro”, SEP, México.


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