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jueves, 12 de enero de 2012

Sistema educativo: Enfoque y realidad.


Centenaria y Benemérita Escuela Normal del Estado
Licenciatura en Educación Secundaria: Español
La Expresión Oral y Escrita en el Proceso de Enseñanza Aprendizaje
Fernando Terrazas Huerta
Ensayo final

Introducción

En el presente escrito, expondré el enfoque del actual programa de estudios dirigido a la enseñanza del español en la educación básica y la realidad experimentada en las jornadas educativas del actual semestre normalista. La visita a la escuela secundaría que lleva por nombre “Organización de Naciones Unidas”, provoca un choque de ideas entre el enfoque por competencias y la realidad observada en la mencionada secundaria. Justamente, la lectura del programa de estudios de Español para la educación secundaría, habla de una integración educativa, que busca la educación de calidad. La lectura del escrito proporcionado por la SEP, confronta las ideas de una mente en búsqueda de respuestas. Las ideas expuestas en estas líneas se fundamentarán con citas de expertos en el campo académico, siempre interpretadas por mí.

La búsqueda del verdadero sentido de la educación es impredecible. Sin embargo, con la dedicación y el esfuerzo educativo, he reconocido un camino delicado para abordar el tema. Injustificadamente, el camino que me guía a realizar este ensayo, es frágil y difícil de seguir porque las ideas que expreso, pueden romper el sentido de mi escrito. Si la línea que separa mi escrito de una crítica inconmovible se rompe podría dar una mala visión del carácter de este ensayo. Durante las siguientes líneas mi punto de vista es cuestionable y dispuesto a la crítica constructivista que ayude al pulimiento de mi visión.

Desarrollo

El sistema educativo, que actualmente sufre un cambio gigantesco en los contenidos curriculares, se orienta a la búsqueda del aprendizaje significativo, por ello, la educación básica se articula en periodos que abarcan la educación preescolar, primaria y secundaria. Actualmente, el sistema educativo es continuo y coexistente. Puntualmente, la articulación de la educación básica que busca mejorar la calidad educativa, depende de la participación colectiva entre los tres niveles educativos básicos (preescolar, primaria y secundaria). La participación colectiva de los tres niveles básicos culminará con una educación sólida que cimiente el carácter formador de los contenidos curriculares.

El nuevo modelo educativo que está orientado al desarrollo de competencias, a la manipulación de los conocimientos y al desarrollo de procesos y procedimientos, tiene como objetivo facilitar la integración a una sociedad globalizada que requiere la modernización y manipulación de un sinfín de técnicas y conocimientos para el desarrollo personal, social y laboral del individuo. Por ello, el programa de estudios para educación básica 2011 (2011, 12), sostiene que “La RIEB culmina un ciclo de reformas curriculares en cada uno de los tres niveles que integran la Educación Básica, que inició en 2004 con la Reforma de Educación Preescolar, continuó en 2006 con la de Educación Secundaria y en 2009 con la de Educación Primaria, y consolida este proceso aportando una propuesta formativa pertinente, significativa, congruente, orientada al desarrollo de competencias y centrada en el aprendizaje de las y los estudiantes.” En la actualidad, los contenidos curriculares, que buscan el desarrollo de habilidades, se replantearon buscando un fácil acoplo del adolescente a su contexto socio-cultural. Justamente, la actualización curricular contribuye al logro del perfil de egreso de la educación básica en general, que consiste en lograr la interacción del estudiante en distintos contextos sociales y culturales, argumentando, razonando y analizando. El acercamiento de los alumnos al conocimiento a partir de dicha reforma curricular, y hasta la fecha, consigue un importante avance en la concepción de la enseñanza y el aprendizaje. Durante la actual reforma educativa, el objetivo primordial de la educación básica, que es el desarrollo integral de los adolescentes se “consigue” en periodos de estudio.

Ciertamente, la articulación de la educación básica reconoce a los alumnos como sujetos inteligentes, susceptibles de adquirir, bajo procesos cognitivos, el conocimiento, por ello, el centro de atención del proceso educativo es el aprendizaje del alumno. En la escuela de educación básica, el medio educador, que tiene como materia prima al alumno, son las competencias, que son necesarias para la vida socio-cultural. El docente, quien busca el desarrollo de los estudiantes,  procura desarrollar un nivel de competitividad en los estudiantes. La articulación curricular se centra en los procesos de aprendizaje de los alumnos(as) atendiendo sus necesidades específicas para que mejoren las competencias que permiten su desarrollo personal.
La integración de los contenidos educativos se fundamenta en la educación de calidad que busca el desarrollo de competencias para la vida. La educación integra los niveles básicos en un periodo que educa para la solución de problemas cotidianos y el fácil acoplo a una sociedad cambiante. El actual mundo social exige un nivel de competitividad que permita el desenvolvimiento personal, laboral y social. La experiencia en la escuela secundaria deja un abismo comprensivo del funcionamiento del programa de estudios. En la labor cotidiana del docente, el desarrollo de competencias que es un reto en el sistema educativo, es una incógnita, porque la labor del docente es cuestionable.

Puntualmente, la labor del docente que consiste en desarrollar los contenidos curriculares, implica la planeación y el acercamiento a los estudiantes. Un punto importante en el contexto educativo es la planeación de una clase y el acercamiento a los alumnos que están bajo su tutoría. Es decir, el programa de estudios para educación básica 2011 (2011, 12) sostiene que “La acción de los docentes es un factor clave pues son quienes generan ambientes propicios para el aprendizaje, plantean situaciones didácticas y buscan motivos diversos para despertar el interés de los alumnos e involucrarlos en actividades que les permitan avanzar en el desarrollo de sus competencias.” Antes de centrarse en el desarrollo de competencias, el docente quien debe preocuparse por el avance escolar de los estudiantes, necesita conocer el grupo de alumnos con el que trabaja para tener un punto de partida. Los docentes de educación básica, y en general todos los maestros que verdaderamente busca la superación de los alumnos a su cargo, procuran el buen desenvolvimiento de los jóvenes dentro y fuera del salón de clases que es su área de “trabajo”.

En la escuela formadora de docentes (CBENEQ), el papel del maestro practicante como conductor del conocimiento y precursor del saber, es de mediador entre los contenidos curriculares y los estudiantes. La preparación que se recibe como estudiante normalista, es la base para una trayectoria laboral llena de planeaciones, cuales deben o deberían ser dinámicas, didácticas y constructivas. Justamente, la preparación normalista, que se enfoca en el fututo laboral del docente, motiva la esencia del ser docente por su creatividad y búsqueda de alternativas situadas en el aprendizaje de sus estudiantes. Los programas de estudio que se analizan en la formación normalista, es de utilidad para orientar el trabajo en el aula de los maestros, quienes a partir del trabajo colaborativo, el intercambio de experiencias docentes y el impacto en el logro educativo de sus alumnos apoya y promueve las necesidades para la profesionalización docente. Específicamente, La preparación que se recibe en las escuelas normales se basa en la acción docente quien es un factor clave, pues son quienes generan ambientes propicios para el aprendizaje, plantean situaciones didácticas y buscan motivos diversos para despertar el interés de los alumnos e involucrarlos en actividades que les permitan avanzar en el desarrollo de sus competencias.

El trabajo docente que se condiciona por la preparación normalista es cuestionable. Dentro de las aulas de educación secundaria, el ambiente escolar es un espacio de sobriedad, serenidad y pasivismo, pues en las jornadas educativas que he realizado a lo largo de tres semestres, no encuentro el diálogo, la crítica, la reflexión o la construcción del conocimiento por medio del discurso. Freire (1974, 104) sostuvo que “El diálogo es por tanto, el camino indispensable no solamente en las cuestiones vitales para nuestro orden político, sino para todo nuestro ser.” Una sociedad sin diálogo es una sociedad sin carácter crítico pero un medio educador como la escuela de educación básica sin diálogo es inaceptable.

El educando que dialoga, comienza un descubrimiento de sus capacidades como hacedor crítico del mundo cultural, con aptitudes para la creación y la recreación. Durante la planeación de una clase, el docente explota su potencial educador y considera el diálogo como factor condicionante. Actualmente, el maestro que trabaja el desarrollo de competencias con la planeación, considera el diálogo como medio para la apropiación del conocimiento. El diálogo, que debe ser el medio hacia la apropiación del conocimiento, se desenvolverá sobre situaciones reales y cercanas al estudiante que con el impulso necesario logrará superarlas y encontrarles una solución, por ello, Freire (1974, 108) afirma que “El papel del educador sea, fundamentalmente, dialogar con el analfabeto sobre situaciones concretas.” Ahora el estudiante quien utilizando como factor determinante el diálogo crea y recrea su realidad.

Justamente, el futuro docente quien debería buscar más que buenas noticias en el sistema educativo, debe buscar lo malo para trabajar en ello. La visión crítica que se “desarrolla” en la formación normalista, sirve para construir un carácter crítico-constructivista que permita desarrollar el dinamismo, las estrategias y competencias de los alumnos.  La preparación que se obtiene en las escuelas normales, sirven para encontrar un punto importante que se consolida con el desenvolvimiento dentro del salón de clases. En general, los estudiantes normalistas reciben una enseñanza sólida en dinamismo.

El dinamismo al planear una clase o todo un proyecto, requiere de la implementación del diálogo como medio formador de conciencia. La intervención del diálogo en la planeación de una clase permite la crítica que se inclina a buscar la superación, por lo que Freire (1974, 32) menciona que “Es por lo que, minimizado y cercenado, acomodado a lo que le impongan, sin el derecho a discutir, el hombre sacrifica inmediatamente su capacidad creadora.” El docente quien se entusiasma, se esmera por un material atractivo, propicio para la atención y el envolvimiento del adolescente en la clase, piensa en las necesidades, las habilidades y las capacidades del alumnado que generan una visión del nivel educativo del estudiante.

Toda la preparación recibida en las escuelas normales, está orientada a desarrollar el trabajo escolar procurando un ambiente propicio para el aprendizaje. El trabajo escolar es cotidiano y por ello necesita de “amor” a la profesión, ética profesional y la utilización e implementación del diálogo como medio principal hacia el aprendizaje significativo. Específicamente el aprendizaje significativo necesita la modificación del ambiente y carácter del estudiante dentro del salón. La modificación del ambiente escolar sería de un ambiente dinámico a un ambiente dinámico en el que es permitido y permisible el diálogo. Una vez que se tiene en cuenta esa forma dinámica y coherente de planear la clase, el docente debe dosificar y dominar el conocimiento para adaptarlo y desarrollar competencias en los alumnos.

Las competencias son sinónimos de habilidades que se pulen y mejoran con la práctica. Continuamente, la práctica desarrollará el dominio. El dominio lo entendemos como la forma simple y sencilla de realizar algo. Ahora, el dominio de una habilidad se desarrolla y manipula a consideración del poseedor cuando la habilidad se desarrolla, domina y manipula se convierte en una destreza. Ciertamente las competencias son el resultado de una habilidad que se desarrolla con la práctica continua y con esa continuidad se hace o convierte en una destreza que facilita el desenvolvimiento social, laboral o personal y están dirigidas al empleo funcional del conocimiento y habilidades del desarrollo integral del individuo.

Finalmente, el individuo tendrá la facilidad para desarrollar herramientas que generen soluciones a las diferentes problemáticas que puedan presentarse.

Conclusiones

En conclusión, el trabajo en el aula es una tarea cotidiana y llena de adversidades que se mejoran con la práctica. La educación normalista es sólo el principio de una tarea diversa y el primer escalón en el sistema educativo. Durante la labor de educar, el docente permanece en un estado inerte cuando deja de lado el diálogo. Todo docente dedicado al desarrollo de competencias, inicia con la preparación normalista adecuada y culmina con la práctica que es una tarea “sin fin” y con el diálogo como principal punto.
Antes de iniciar la tarea educadora, el docente deber conocer o entender el sentido de competencias. Las competencias antes de desarrollarse deben comprenderse. “Nunca se aprende a correr antes que a caminar.” Una vez que se tiene claro los objetivos le sigue el procedimiento. El inicio de un procedimiento debe ser por el conocimiento de sus objetivos.

Después que el docente conoce y entiende el significado y propósito de las competencias puede intervenir en dicho proceso por medio del diálogo. En todo momento, el diálogo debe considerarse como el punto de partida. Los objetivos, la planeación y el mismo desarrollo de la clase deben estar intervenidos por el diálogo. Sólo con el diálogo, los alumnos prenderán a ser hombres y mujeres críticas.
Freire (1974, 14) “Enseñarle a leer y escribir es más que darle un simple mecanismo de expresión. Se trata de procurar en él, concomitantemente, un proceso de concienciación.”


Bibliografía

·         Paulo Freire (1974) “La educación como práctica de la libertad” Ed: Siglo XXI. Buenos Aires

·         SEP (2011)  “Programa de estudios 2011 Guía para el maestro”, SEP, México. 

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